Samira Beckwith
Lunes, 31 de Enero de 2011 19:58
En muchos círculos, simplemente mencionando el nombre “Samira” invita a signos de reconocimiento, así como a palabras de adoración. Esa persona e Samira Beckwith, la muy respetada presidenta y CEO de Hope HealthCare Services y faro de la comunidad. Sin embargo, cuando acostumbraba a presentarse como Samira –Samira Kanaan- a lo largo de su infancia en el midwest estadounidense de los años 50, la reacción era diferente. “Por aquel entonces, los niños se llamaban Mary o Jane o Bob. Teníamos un nombre y una apariencia distinta”, dice Beckwith. “No sabía inglés. Todo era un desafío”.
Su familia se mudó a Columbus, Ohio, desde el Líbano después de que el gobierno estadounidense ofreciera a su padre palestino el estatus de refugiado. Los Kanaans, que incluye a su madre libanesa y a su hermana, se asentaron en un barrio de clase trabajadora. Sus padres pusieron mucho énfasis en su educación, tanto si eran los deberes de la escuela o aprendiendo sobre la cultura y el arte.
“Cuando pienso sobre aquello, pienso en lo valiente que fueron mi madre y mi padre” cuando inmigraron, dice. “Llegamos con el sueño americano en la mente”. Beckwith abrazó la fuerte ética de trabajo de su madre y de su padre (él siempre tuvo dos trabajos) y sus valores educacionales y se matriculó en la Ohio State University, donde consiguió su Graduado en Sociología y su Maestría en Trabajo Social.
Fue por entonces que se enfrentó a un desafío escalofriante y alterador de su vida. A los 22 años, Beckwith fue diagnosticada con la enfermedad Hodgkin, la cual tenía un índice de supervivencia mucho más bajo a mediados de los 70. Decidida, Beckwith luchó la difícil batalla, las duraderas quimioterapias y cirugías, y ganó.
Como superviviente de cáncer y con estudios centrados en ayudar a otros, no sorprende que en 1982 Beckwith comenzara a trabajar en un centro de asistencia a enfermos terminales. Casi una década después, Beckwith tomó el timón de Hope Hospice (ahora llama Hope HealthCare Services). Desde entonces, ha pasado de servir a menos de unos 100 pacientes al día a más de 2.200 en los condados de Lee, Charlotte, Collier, DeSoto, Hendry, Glades, Hardee, Highlands y Polk.
Samira es una participante habitual en los foros de política sanitaria y ha proporcionado su testimonio como experta ante el Congreso. Ha servido dos veces en el consejo de la National Hospice and Palliative Care Organization, centrándose en política, educación, diversidad, asuntos culturales y mejorando el acceso a los cuidados.
Samira atribuye a su herencia el especial entendimiento y apreciación sobre la diversidad cultural y la habilidad de ver el mundo a través de los ojos de otra persona. “Nunca dejo que las diferencias se conviertan en una barrera. Pronto aprendí que todo el mundo tiene una historia y es una oportunidad para ganar conocimientos: buscar terrenos comunes”, dice.
La última primavera, Beckwith recibió la Medalla de Honor Ellis Island 2010, que se otorga a aquellos que “han contribuido enormemente a nuestra identidad nacional a la vez que han preservado los inconfundibles valores y la herencia de sus antepasados”.
Es una distinción que comparte con uno de sus seguidores incondicionales, Fred Pezeshkan, receptor del premio en 2006 y CEO de Manhattan Kraft Construction Inc. en Naples. “Lo que le ha ocurrido a ella, como a otros, es que cuando eres primera generación y ves las oportunidades trabajas mucho más duro que la media para alcanzarlas”, dice, “y eso creo que es gran parte de su éxito”.

















