Merecida recompensa
Martes 05 de Julio de 2011 02:53
Aún se les veía en los ojos la emoción de haberlo conseguido. Y es que fueron muchos años, de incertidumbre, de lucha, de trabajo, de soledad. Pero todo eso valió la pena, porque ahora pueden decir que son Adriana y Carlos Sena, ciudadanos americanos.Veinte años sin papeles
El matrimonio Sena llegó a EE.UU. en 1986 desde Uruguay. En Nueva Jersey comenzaron su vida en este país: allí empezaron su familia, con Maleissa, ahora ya 21 años, y Anthony, de 18; y allí consiguieron su tarjeta de residencia.
Pero ninguno de los pasos fueron fáciles: “La vida en este país es muy difícil, hay que trabajar muy duro, sacrificarse mucho y aguantar mucho menosprecio”, recordaba Carlos.
El Sr. Sena enumeraba la lista de prioridades que se debe tener presente: “Lo primero es aprender inglés, lo segundo es ser honesto, lo tercero, la perseverancia y, por último, la meta, estar siempre enfocado y no olvidarla”.
Y ellos la siguieron, llevando una vida relativamente tranquila durante casi 20 años sin documentos.
Pero la tranquilidad se perturbó en 2001, con los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York. Carlos llevaba trabajando en la misma empresa de limpieza desde hacía 15 años, creyendo su jefe que él ya tenía documentos. Pero, a sabiendas de que la situación se haría cada vez más complicada, Carlos sacó el valor para decirle la verdad. Sorprendido porque no se lo hubiera dicho antes, su jefe no dudó en patrocinarle.
Así, los Sena consiguieron su Green Card y, tras casi dos décadas, pudieron salir de EE.UU. para visitar Uruguay y llevar a sus hijos a que conocieran el país de origen de su padres.
“La verdad es que aún no sé cómo hicimos para aguantar tantos años estando lejos de la familia. Imagino que todo fue al ir consiguiendo una meta detrás de otra”, contaba Adriana.
Bien merecido
En 2004, la familia Sena se trasladó de Nueva Jersey a Naples, donde continuaron persiguiendo sus metas.
Ahora que ya tenían su Green Card, sólo habían de esperar cinco años para poder pedir la ciudadanía. Y eso fue lo que exactamente hicieron al día siguiente de cumplir esos obligados cinco años: “Y eso es lo que debería hacer todo el mundo”, aconsejaban Carlos y Adriana.
Acudiendo a las clases gratuitas de ciudadanía que ofrece el Literacy Council de Bonita Springs, Adriana y Carlos estudiaron las leyes y la historia de EE.UU. para poder pasar el examen de naturalización.
Rellenar la solicitud en línea, el envío de la misma con el pago necesario, ir a tomarse las huellas digitales, hacer el examen y la entrevista con el Departamento de Seguridad Nacional y, una vez superados todos esos pasos, el juramento de bandera: largo proceso, bien satisfactorio.
“Se lo merecen”, fueron las palabras de su hija Melissa, un sentimiento que compartía con su hermano Anthony. “Ahora podemos decir que somos parte del país de nuestros hijos”, decía Adriana. “Yo sigo siendo ciudadana uruguaya, pero me siento americana al 100 por ciento”.
Ya han pasado 25 años desde que pisaron por primera vez los Estados Unidos y todos los sueños con los que Adriana y Carlos llegaron a este país se han ido materializando poco a poco, hasta convertirse en ese pasaporte azul que es “el derecho que se hace valer después de haber estado aquí tanto tiempo, cumpliendo con nuestros deberes. Una vez conseguido, te das cuenta de que valió la pena todo el esfuerzo y que es un premio por haber dado el paso a salir de tu país”, concluía Carlos.
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